Desde hace unas semanas, nuestro contexto de vida, ha cambiado bastante, se aplican las primeras medidas de esta emergencia sanitaria por Covid 19 en Chile. Se suspenden las clases, los eventos masivos, luego se llama a salir menos de nuestras casas, a trabajar desde el hogar los que puedan y los que no, o son desvinculados de sus trabajos o se van con cuarentena sin goce de sueldo. Sólo algunas comunas inician está, en ellas, se restringe al máximo la circulación de personas, comienzan los permisos virtuales de carabineros y salvoconductos. 

 

 

 

Los escolares comienzan a estudiar a través de guías en su casa, los más afortunados cuentan con clases online. Los estudiantes que no tienen computadoras o internet quedan rezagados y sus compañeros, comienzan a organizarse, hacen causa común y determinan irse a paro, tanto en liceos como en universidades. 

 

La solicitud de pasar la mayor parte del tiempo en casa, no es tan fácil de cumplir para nadie. Sin embargo, es más compleja y dura cuando son muchos en un espacio reducido, cuando hay violencia o se vulneran gravemente los derechos de los NNA. No es lo mismo estar en casa cuando hay buenas relaciones familiares, recursos económicos y emocionales para enfrentar la contingencia, a cuando estos son escasos, insuficientes o derechamente no los hay. 

 

Nuestro modelo neoliberal, nos ha impuesto ritmos de vida, de trabajo, de estudios, enajenantes. Algunos pocos afortunados “privilegiados” disfrutan la bonanza del modelo, la mayoría vive con sueldos que no alcanzan, trabajan horarios laborales extensos, en contextos poco felices, pues son pocos los que tienen jefes o equipos proactivos, la mayoría debe acatar sin reclamar. 

 

Bueno, por algo tuvimos una gran explosión social en octubre del 2019, que denunció con fuerza y convicción la precariedad de la vida de la mayoría, y ahora llega este virus, que nos obliga a poner en pausa todo....todo? Veremos. 

 

Nos obliga a parar, a cuidarnos, a ser responsable con nosotros mismos y los otros. Nos llama a relevar lo verdaderamente importante, ser y amar. Cuestiona las bases de nuestro modelo, el frenesí de nuestra vida, nuestra avidez por consumir cosas que no necesitamos. Y nos muestra lo que sí necesitamos, una salud pública robusta y de calidad. Un modelo socio-económico a escala humana, en armonía con el medio ambiente. Educación integral, inclusiva, que favorezca los valores pro-sociales y cívicos. No más maquillaje a la realidad, no más plutocracia, ni impunidad. 

 

Ante tanta restricción y desigualdad, lo importante es la ACTITUD, ella hoy hace la diferencia. Ocuparse no preocuparse. Pensar qué me ayudaría, qué me hace bien en este momento. Si no lo puedo hacer de esta manera, de qué otra forma puedo hacerlo, si no puedo pensarlo/a solo/a, preguntar. Tener de antemano una red de apoyo visibilizada (en casa o por wsp). Si no tengo personas cerca, tal vez, me despejen mis mascotas, mis plantas, el cielo, la música, escribir, leer, tejer, pintar, hacer ejercicios, aprender a tocar un instrumento. 

 

Si no saben cómo hacerlo, les doy un ejemplo, el protagonista de la película la Vida es Bella, Guido Orefice (Roberto Benigni). ¿Qué hace este hombre ante los horrores de la II Guerra Mundial?. Él le inventa a su hijo un juego en el campo de concentración y no pierde oportunidad en hacer feliz a su hijo y a su esposa cuando se puede, para eso él, está atento, está claro dónde está, no se miente, sabe los riesgos, se cuida en lo que puede. Él canalizo su energía y sentimientos en sobrevivir a ese horror con amor y humor. Mantuvo la esperanza. ¿Qué lo alimentaba? el amor a su familia. Todos tenemos que mirar en nuestro interior y descubrir que es lo que nos mueve, cuál es nuestro amor, nuestro alimento para enfrentar este tiempo de restricciones y pandemia. Recuerden, va a pasar !No es definitivo! 

 

Es necesario poner límites al agobio que provocan las restricciones, a los temores que nos pueden consumir en estos tiempos. Hay que darles espacio, sí, reconocerlos, pero que no ocupen todo nuestro día y tiempo. Comparta su sentir, si no puede con un cercano directamente, hágalo virtualmente, o escríbalo, desahóguese. No vea todo el día noticias, no lea todo el día sobre los casos más dramáticos. No se autodestruya!. Aprenda a apretar el stop en su mente!! PARE!! Atrás esos pensamientos!! 

 

Si hay un día muy negro, entender que es un día o momento. Que pasará y que si necesitábamos llorar horas, está bien, luego volveremos a la calma y retomaremos lo que corresponda. 

 

Ante el agobio que es humano y esperable a momentos en este tiempo, me acorde de la letra de una canción antigua, “ Y yo solo quiero aprender a respirar”, 

 

Respirar .. 

sin mascarilla... 

sin Covid 19, 

sin miedo.. 

 

 

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