Más de un millón de los ocho millones de especies de animales y vegetales existentes en el planeta están camino a la extinción. Según cifras de la ONU, se calcula una pérdida de más de 50 mil especies por año, mil veces mayor que la tasa natural de extinción, un 5% del total de especies por década.

 

 

 

De continuar así,  habrán desaparecido dos tercios de las especies a fines del presente siglo, lo que sería la mayor ola de pérdida biológica desde los dinosaurios.  La pérdida de biodiversidad es una de las consecuencias más graves de la degradación del planeta.  

 

La celebración del Día Internacional de la Biodiversidad, este 22 de mayo, nos invita a reconsiderar la relación que hemos construido hasta ahora con la naturaleza y a plantearnos la responsabilidad que tenemos ante la emergencia por la expansión del Covid 19.

 

La biodiversidad, es decir la riqueza biológica en la Tierra, que actualmente se compone de millones de especies biológicas, plantas, animales y microorganismos, así como también las diferencias genéticas entre individuos de una misma especie y la variedad de ecosistemas existentes, provee una variedad de servicios ambientales y recursos vitales, como alimentos, energía y materias primas, que sustentan la vida y la economía mundial. 

 

En América Latina, los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad tienen grandes impactos, no solo porque somos una de las regiones más vulnerables frente a estos efectos, también porque tenemos una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta.

 

Sin duda, el cambio climático podría aumentar la tasa de pérdida de recursos biológicos y sus efectos serían particularmente severos en aquellos ecosistemas que ya se encuentran significativamente alterados a causa de las actividades humanas, generando incluso cambios en los ecosistemas y acelerando la pérdida de especies en la región. Esto podría conducir a una disminución de la oferta de los bienes y servicios que los ecosistemas proporcionan a las personas y a la sociedad. 

 

 

No quedan dudas que la conservación de la biodiversidad cumple un rol crucial para la supervivencia de las actuales y futuras generaciones. Pero especialmente hoy, cuando estamos viviendo una crisis sanitaria de tremendas dimensiones, se constata que la pérdida de biodiversidad amenaza incluso nuestra salud.

 

La deforestación, el cambio del uso del suelo, la agricultura y ganadería intensiva, el cambio climático y la contaminación, son algunos de los factores que inciden en la destrucción de los ecosistemas. Con ello, se propicia el surgimiento de la zoonosis, enfermedades transmitidas de animales a humanos, que según la ONU, alrededor del 60% de todas las enfermedades infecciosas en los humanos y 75% de las enfermedades infecciosas emergentes provienen de animales

 

Hoy más que nunca es urgente conservar, restaurar y gestionar de manera sustentable los ecosistemas y los recursos naturales, no solo por los múltiples beneficios que ofrece al bienestar de las personas y la economía, como una inversión estratégica para la construcción de un mundo sustentable, también porque es nuestra responsabilidad como sociedad promover el desarrollo sin comprometer los recursos y las necesidades de las generaciones futuras. 

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